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La primera salida.
Proveído con exagerado cuidado de nombre, dama, caballo y armas (I, 1),don Quijote, como el típico héroe de los libros de caballerías, sale de casa a escondidas, de madrugada (I, 2).
Busca aventuras que le darán, rápidamente, una fama eterna y merecedora de recordarse en un libro. Llega a una venta y cree que es un castillo. Es materia de grande risa, según dice el texto, verle comer, pues no puede quitarse la celada, tiene que beber por una caña, y no puede comer nada si otro no le pone el alimento en la boca. Pide ser armado caballero, y el ventero socarrón le inviste como tal en una ceremonia de chirigota en la que una ramera le ciñe la espada (I, 3).
Al día siguiente encuentra al pastorcico Andrés, a quien su amo pega (I, 4). Don Quijote intenta ayudar al aparentemente menesteroso joven, pero no toma en cuenta, a pesar de la observación de Andrés, que el amo no es caballero y miente sobre sus futuras acciones. Cuando Andrés vuelve a aparecer más adelante (I, 31), suplica a don Quijote que no le ayude otra vez, pues su intervención sólo le ocasionó más palizas.Don Quijote también intenta poner en la práctica lo aprendido de sus libros cuando encuentra unos mercaderes. Les prohíbe el paso si no confiesan, sin verla, la belleza de su señora Dulcinea. Tras unas palabras burlonas de los mercaderes y un ataque del colérico protagonista, éste acaba maltrecho y rodando por el suelo (I, 4).
Un vecino lleva a don Quijote a su lugar (I, 5). Allí se cura y se provee, según consejo del ventero, de dinero. Sus amigos el cura y el barbero, espantados ante el efecto que tuvieron en él sus malsanos aunque amados libros de caballerías, saquean su biblioteca y hacen una hoguera con el contenido caballeresco de ella. Salvan de la quema unos pocos libros, como Amadís de Gaula y Tirante el blanco, Diana enamorada y El pastor de Fílida (I, 6).
Tan a menudo usa un lenguaje arcaico, entre otras cosas sustituyendo
una f inicial por una h (fermosura), que algunos de los que encuentra
no le entienden.
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